jueves, 4 de junio de 2015

EL ESCAPARATISTA



Se levantó temprano aquella mañana y se dirigió a aquella dirección que marcaba el periódico en la sección de:

 Anuncios  por palabras.
Trabajos bien remunerados.
T. T. & R.
(Trabajo temporal y de riesgo)
Se necesita chico para escaparate
Cualidades:
Templado, sin miedo a espacios
Cerrados.
Se gratificará por tiempo completo de permanencia.

El anuncio resultaba un tanto excéntrico, raro e implantó en su mente creativa un escaparate nuevo, “novedoso”

Un escaparate diferente del que él sería autor único.

Quizá ahora los dioses o las hadas o los elfos... o cualquiera de esos poderes estaba por fin de su lado.

No fue capaz de dormir aquella noche, se encontraba ansioso de comenzar.

Pensando en todas estas cosas, muy pronto anduvo el camino (que aunque lejano) Se le hizo corto. Iba dando forma en su mente a proyectos inéditos, diferentes a lo que jamás se habría hecho antes.


Al poco, estaba inmerso en su nuevo trabajo.

Sería igual que una apuesta, igual que un juego, pensaría en todo momento que aquello no era importante y así intentaría pasarlo bien.

 " Has de tomar lo mejor que te vaya dando la vida". -

  Solía decirle su madre cada vez que le veía dudar o con desánimo.

   "Tú puedes, hijo". –

Solía animarle con aquella confianza de madre que de veras ama a su hijo y deposita en él sus sueños.

Pensó en ella.

Ahora que le faltaba, solo le quedaban para recordar sus palabras.

Un enorme tarro como sacado de una mermelada gigante, le servía de habitáculo.


   Será un espectáculo maravilloso –

   Y el mejor de los experimentos –

  Será usted el hombre más famoso de la ciudad (o quizá del      mundo). –

   Pasará usted un mes metido en este tarro –

  No debe usted preocuparse por el aire, pues se lo insuflaremos a   través del tapón. –

— Tampoco ha de preocuparse por la alimentación que se la   proporcionaremos líquida a través de ese tubo. -

— No podrá usted salir para ninguno de los menesteres diarios. –


   Escuchó muy atentamente todas las explicaciones…Como único comentario preguntó:

 ¿Podré fumar? –


Habían pasado ya quince días y el tarro estaba lleno de inmundicia hasta la mitad y ya le costaba mantenerse en la superficie y a salvo.

Cada día el escaparate era admirado por miles de transeúntes que paraban, miraban y salían asqueados.


Cada vez que reclamaba con señales desesperadas la apertura del tapón; la parte contratante, (el dueño del escaparate) le mostraba a través del gélido vidrio su firma de permanencia plasmada en el contrato que le obligaría a permanecer en la inmunda prisión por un tiempo de treinta terroríficos y horriblemente nauseabundos días.

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