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viernes, 23 de junio de 2017

Una explosión pinturera

La calidez de la tarde hacía mella en mi cuerpo. Llevaba horas pintando y el sudor invadía mis calzones después de haber inundado y traspasado la ropa interior que notaba en extremo pegada a mi cuerpo. Pensé que si continuaba de ese modo, desaparecería en un charco de líquido exudado por mis glándulas sudoríparas en extrema actividad. Mis reflejos, intactos al clarear la mañana empezaban a flaquear por acumulo de cansancio. Comencé a notar como primer aviso la pesadez de mis brazos, la turbieza en la mirada, y en el pulso de mi mano que obligaba a la brocha cargada de pintura a realizar líneas onduladas en vez de las impertérritas rectilíneas que sin esfuerzo alguno, deslizaba sobre la pared esta misma mañana.
Sin cejar en mi esfuerzo, llegué al tramo final del techado que cambiaba un tono parduzco y sucio por un nítido y pulcro blanco inmaculado que parecía haber inundado de suave luz el cielo de un pasillo que va del cuarto de baño a la entrada de la casa.
Respiré de sano alivio al pensar en el merecido descanso que me esperaba…
Moví la escalera y entonces…
En un ínfimo instante… El recipiente que contenía la pintura cayó desde más de un metro de altura.
Su contenido chocó junto al cubo contra el suelo y como en una estampida descargada por un trueno la pintura rebotó hacia arriba en busca de todas las direcciones posibles, deteniéndose acá y allá como una ruleta de suerte extraña; como un pintor poseído por la locura que intentase pintar sobre fondo oscuro un cuadro de insólitas flores blancas.
Paralicé de pánico y estrépito…
Dirigí hacia arriba mis ojos que el sudor inundaba, y al poco, se confundieron con el sudor dos lágrimas…
Lúa mi pequeña perrita acudió a ver qué me pasaba. No tuve voz para detenerla. Me miró sin comprender nada. Mojó de pintura sus patas y pintó florecillas de huellas en el pasillo, el salón, la cocina, la sala… Repitió, repitió varias veces, las flores que al principio esparcía solitarias,  poco a poco, con gusto de unión, en nutridos ramos se juntaban.
No conforme mi Luita con formar ramos de suelos, subió al sofá y formó en él ramos con hojas y ramas.
No me quedaban ganas de limpiar, no podía… mi cuerpo no respondía, y optó por no hacer nada.
Me puse la camiseta, me revolqué en la pintura, me convertí en “nube blanca”

Huí, salí de la casa justo por una ventana, floté en el horizonte y llené mi nube de dulce blanca agua.
©Copyright © 2017 AbuelaTeCuenta All rights reserved  #AbuelaTeCuenta

jueves, 15 de junio de 2017

Hoy, comemos en el jardín



¡Comeremos en un jardín!
Me prometía mi abuela
Mientras llevaba sus pasos
Hacia su casa de vuelta…
Mas… al llegar a su casa…
Abuela ¿Dónde está el jardín?
Me mostró una ensalada
Que había hecho para mí.
Me costó. Me costó mucho…
Me costó en un principio,
Ver a la ensaladera,
Disfrazada de jardín...
Apareció ya en mi plato,
Apareció para mí.
Como en un acto de magia
Como puesto por un hada,
De pronto… El jardín estaba allí.
Con su césped de lechuga,
Las margaritas de huevo
Canónigos que eran trébol,
Vinagrillos de maíz
Tulipanes que en tres tonos
Alegraban mi jardín,
Que se hacían de pasta,
En tres colores,
Entre ellos, el carmín.
Me gusta, me gusta mucho
Comer tan rica ensalada
Sentadita en mi jardín.

© Copyright Mercedes del Pilar Gil Sánchez #AbuelaTeCuenta

lunes, 12 de junio de 2017

Ay, mi abuela que está tan loca...



En la mañana de ayer
fui a nadar con mi yaya
me llevó a la piscina
que está cerca de su casa.

Me enseñó a hacer la "boya"
una forma redondilla
que no es verso ni es prosa
que ella hace en la piscina
y no nada... Sólo flota.

Me enseñó a hacer la "gamba"
una forma en que ella nada,
que no es natación... Es broma.

Me reí, me reí tanto,
que casi, casi, la risa me ahoga.
Mi abuela que es chiquita,
encogida como boya,
desplazándose como gamba...
llorando de risa loca...

Y ella que siempre dice:
¡No me hagas reír...
que me ahogas!

© Copyright Mercedes del Pilar Gil Sánchez #AbuelaTeCuenta

domingo, 11 de junio de 2017

Demasiado???



Cuando el tiempo se excede
y el aire que roza tu cuerpo,
te envuelve en: demasiado...
Cuando la esperanza se cubre
de ausencias, de pérdidas
excluyentes en demasiado...
Cuando los albores primeros
de vida cuajan en destellos
cobrizos en... Demasiado...
El dilatar del tiempo, el fluir de los días,
La esperanza huida...
La vida, el rutilar de estrellas,
el sol, el universo flotando...
El infinito embriaga tu cuerpo
que pierde medida,
y el tiempo revienta en sí mismo
en frutos corruptos de, DEMASIADO!


© Copyright Mercedes del Pilar Gil Sánchez #AbuelaTeCuenta

sábado, 10 de junio de 2017

Un amor de letras

Esperaba las ocho de la tarde con ansia en desmesura, con el deseo en efervescente incendio de llamas a duras penas contenidas. Le deseaba, y necesitaba calmar todo aquello que precisamente por el sosiego forzado, por la contención desmedida, por no dar rienda suelta a la apetencia, le embargaba en un halo de tristeza y de una cruel melancolía.

No podía comer, su boca se llenó de miedos pavorosos, de sentidos sin sentido, de dolores estomacales producidos por la desgana, y por tener que devorarse su estómago a sí mismo.

Llevaba tiempo hablándole e intentando huir del amor que letra a letra, notaba penetrar sin remedio por sus retinas, a través de letras que él tecleaba y ella leía con la avidez propia de lo necesario para seguir viviendo. Poco a poco las letras se habían transformado en su propia vida o en parte tan importante de ella, que no podría prescindir ya jamás de ese abecedario mostrado día a día, letra a letra, cada uno de los días y a través de internet.

Su problema principal, era el de la propia incomprensión de sí misma. Leía las letras que amaba, y sabía que eran únicamente eso... Simples “Letras” sin apoyo, sin una imagen, sin poder descubrir qué habría tras el monitor, tras el teclado… ¿Quién podría escribir palabras embrujadas de amor? ¿Quién podría ser el ser especial que con tan poco, le hacía sentir tanto? ¿Qué podría tener de especial ese alfabeto utilizado por un ser oculto, sin imagen, quizá sin dedos… ¿Podría ser quizá un robot... Un automatismo capaz de llenar su alma y todos sus vacíos con un vocabulario de amor perfecto. Un ser cuyo cerebro creado, dulcificado y sentido para ser compuesto únicamente de envolventes letras?

Las ocho de esta misma tarde, sería la hora que haría poner transparencia a la opacidad, que llenaría de luz su oscuridad infinita. Por fin podría traspasar la pantalla y ver... Convertir letras en humanidad, en descanso mental, en dar plenitud a un amor que se hacía ya desesperado.

Una flor roja en el ojal le definiría entre un mar de transeúntes, de personas que pululaban sin rumbo por la plaza monumental, cuajada de turistas, plagada de personas que… Quizá... cualquiera de ellas, cualquiera, podría ser el propietario de su idolatrado alfabeto.

A lo lejos presintió una presencia que también los turistas presintieron… Un ser se acercaba con una flor roja en el pecho. La gente, los transeúntes le abrían paso a la vez que le admiraban como prendados de su figura, para una vez había pasado mirar perplejos al suelo.

Cuando le tuvo cerca, le reconoció, era tal como se lo imaginaba. Su figura consistía en letras amontonadas flotando en forma humana. Él extendió un brazo que antes había doblado para arrancar de su pecho la flor y ofrecérsela extendiéndola hacia ella; en su brazo se juntaban en hilera, una tras otra, estas letras: Para ti, mi amor, con el amor más grande y más extenso...

En el suelo, tras él había ido sembrando otras letras que ella comenzó a leer: Amor de mi vida, seré para ti el ser que esperabas…

Ella, lejos de decepcionarse le abrazó esparciendo letras flotantes por doquier que se configuraban de nuevo para lograr una imagen igual a la primigenia de ser hecho de letras. Las letras desprendidas flotantes, al caer sobre ella se deshacían, la penetraban y la envolvían en el más puro éxtasis del más genuino y bello amor que jamás había conocido.

  ©copyright Mercedes del Pilar Gil Sánchez #AbuelaTeCuenta




Y todo vuelve, y todo regresa...


Volverá la bajamar a llevarse el agua de la marea.

Volverá a verterse el fuego que conforma el centro del planeta Tierra.

Volverá a partir, el refrescante sol que inundó de flores la feliz primavera.

Volverá a salir el sol que esta tarde produjo en el cielo una bella puesta...

Volverá a poblarse el firmamento las más lúcidas y bellas estrellas...

Y... volveremos tú y yo como vuelven las aves a cruzar el estrecho en exuberante estación verde a forjar de amor los sueños, a llenar los nidos de polluelos hambrientos, a vivir enseñando el amor a unos cuerpos revueltos rebozados de de vida, rebosados de sueños.

©copyright Mercedes del Pilar Gil Sánchez #AbuelaTeCuenta


martes, 6 de junio de 2017

Cabina

Se le antojó claustrofóbica, una cabina de escasas dimensiones pintada en estéril blanco. Al poco, tuvo la sensación de ser confundida con un acerico. Sin saber por qué, recordó a su abuela y como clavaba y desclavaba alfileres y agujas mientras hilvanaba prendas para probar a las clientas o para que sirviesen como guía sin pérdida a la máquina de coser. 
Le intrigaba el especial sentido de profundidad de clavado que poseía su yaya para no taladrarse la muñeca ni una única vez, ni se perforaba jamás el pecho, cuando hincaba en él indiscriminadamente agujas o alfileres sin en apariencia,tocar piel…  ¿Es que acaso llevaba un acerico oculto bajo su sujetador. O le importaban tan poco sus pechos como para atiborrarlos a pinchazos? Nunca halló respuesta para esa incesante pregunta que jamás se había atrevido a formular.
Se le ocurrió pensar en las posibles  consecuencias funestas que podría tener esa costumbre si su abuela fuese una mujer de hoy, y pudo visualizar en su mente, sin problemas, unos implantes de silicona chorreando relleno a través de la piel que hasta entonces, había sido capaz de ocultarlos bajo el músculo pectoral.
Un estremecimiento repulsivo la hizo conmover mientras se sometía al tratamiento de acupuntura que le aliviaría de rigidez y dolores y... como revulsivo, intentó leer un pequeño relato que formaba parte del total en un libro de relatos; cuando recibió la advertencia de Fernando, el acupuntor:
— No es conveniente mantener los ojos abiertos—
Cerró los ojos, y al poco, perdió la conciencia del lugar, del encierro y de la picazón que le producían las agujas clavadas en su cuerpo.
Intentó abrir un ojo para mirar el reloj, pero la luz se había apagado, no se escuchaba ruido alguno y se quedó quieta…

Quince días después…
Fernando que regresaba de su viaje a Londres caminaba hacia su consulta. Habían sido unas vacaciones perfectas. Londres le premió con su clima singular… Desde siempre había deseado conocer la famosa niebla más espesa que un puré de guisantes, que tantas veces había leído en libros detectivescos, o escuchado decir en películas del mismo género... Ahora conocía exactamente  cómo era una "niebla puré de guisantes" que tanto le había costado visualizar en su imaginación…
Se sentía reconfortado, le había abandonado el estrés…
Cerca de su consulta, descubrió un cartel pegado a una columna que soportaba una farola… 
¿No era aquella su paciente?...
Un cartel reclamaba la presencia de una mujer joven que él recordó…
La mirada se nubló a su alrededor… El suelo se le acercaba, la calle parecía moverse…
En el portal de su consulta existía un hedor imposible de soportar. Enseguida pensó en la gambas que habían disfrutado la última mañana de consulta como aperitivo a las doce del mediodía. Estaba seguro de haber bajado la basura...
Un sudor frío recorrió su espalda convertido en profundo dolor…
Cuando abrió la cabina, la camilla chorreaba una masa pútrida, infecta, corrupta, de la que podían aún reconocerse unos ojos cerrados y sobresalían a su alrededor a modo de “pinchitos” metálicos un montón de agujas de acupuntura.
Fernando se apresuró, llenó una bolsa de plástico con la masa informe y corrió con ella a cuestas escaleras abajo hasta el contenedor de basuras más próximo sin que nadie le viese; antes que diesen las diez de la mañana y llegase a la cita el siguiente paciente.
Oye, tú... Déjame un comentario!!!
A mi blog le gustan tus comentarios. Comenta! Gracias!
©copyright Mercedes del Pilar Gil Sánchez #AbuelaTeCuenta



lunes, 5 de junio de 2017

Tú...

Llegaste como la luna,
entraste, como la estrella
y te bañaste en mi playa
y te tumbaste en mi arena.

Y te ofrecí de mis aguas,
calor de una vida nueva.
Rumor de sentido aliento,
rumor, de sal y arena.

Y te mecí con mis olas,
te moví al flotar en ellas,
para bañarme en tus risas,
para llenarme de estrellas.

Y lucí en mí tus brillos,
me llené de luna nueva.
Deshojé tu amor de rosas,
Me bañé en tu primavera.

©copyright Mercedes del Pilar Gil Sánchez #AbuelaTeCuenta



sábado, 3 de junio de 2017

Descubreme!


Descúbreme esta noche
en la opaca luz del ocaso
en el parpadeo de un sueño
en el rojo encendido de un cielo.

Descúbreme en el verde del campo
en la hoja de un árbol,
en la claridad sublime
de la mañana en invierno.

Descúbreme en tus días corrientes
en el deambular de semillas
que navegan al compás del viento.

Descúbreme en baños de luna
paseando a través de una rosa de vientos.

Descúbreme allí, donde nace el océano.

©copyright Mercedes del Pilar Gil Sánchez #AbuelaTeCuenta


viernes, 2 de junio de 2017

Dess

Des; ese era su nombre y le gustaba llamarse de ese modo. 
Le gustaba, y gustaba a quienes la rodeaban; a sus amigas les parecía “muy chic” un nombre compuesto por tres letras que podría servir de prefijo a múltiples cualidades. Su mejor amiga Maripepa solía llamrle Desy y las amigas de mamá le llamaban Desdi, tal como solía llamarla con sumo cariño su solícita madre.

Cuando comenzó a ir al colegio, tenía como compañera de mesa a Margarita. Todos los días debían escribir su nombre en el papel en blanco que les facilitaba su profesora la señorita Herminia. Cuando Margarita había escrito su primera sílaba, Des había concluido y se quedaba mirando como su compañera escribía con trazos inseguros el resto de su extenso nombre.

Pasada su primera etapa infantil, comenzó a añadir una “s” más a su pequeño nombre que quedaba aún más chic, si es que eso era posible.

Podríamos pensar que se trataba de un nombre maravilloso para una niña maravillosa, como lo son todas las niñas y Des, era especialmente cariñosa conteniendo dentro de sí un alma artística que la hacía tan especial como lo era su escueto nombre… Aunque… Algunas veces… esas ahora “cuatro letras” se volvían en su contra, como cuando perdió sus primeros dientes frontales que sus compañeros de clase le decían: Des-Dentada y algunas otras veces, como cuando se le olvidaba la merienda en casa o cuando se le rompía alguna goma o la mina del lápiz su nombre servía para llamarle Des-Cuidada…

Pero esas eran pequeñas cosas de pequeñas ocasiones que no mermaban en absoluto su calidad de vida, ni su autoestima, ni su necesidad de aprender, o sus ansias de juegos y felicidad.
La mamá de Dess era considerada en el pueblo como una visionaria o adivina, aunque eso sí, muy bien considerada. Mantenía a sus amigas alerta sobre cosas que podrían ser perjudiciales para en lo que fuese posible evitarlas. Leía pensamientos e interpretaba sueños absteniéndose de transmitir a los interesados las cosas que pudieran ser perjudiciales o malas, con lo que todo el mundo la adoraba; y ella, adoraba a su pequeña, le consentía y apoyaba en todos sus pequeños proyectos o haciendo realidad todos los deseos que Dess expresaba. Sus amigas algunas veces reprochaban el comportamiento permisivo de la mamá consentidora, a lo que ella repetía como única respuesta: Las niñas han de aprovechar al máximo su niñez y disfrutar de todo lo que la vida les pueda ofrecer. La niñez dura apenas unos instantes en nuestras vidas y si no se es feliz entonces cuándo, en qué momento se podrá ser…

Las otras mujeres que también eran madres no tenían más remedio que asentir ante tales argumentos, y pensando en sus propios hijos repetían la frase como se repiten las letanías… Como si se tratase de una verdad única y dicha por un pensador antiguo que hubiese demostrado a través del tiempo la veracidad de una frase dicha.

La niñez de Dess transcurría plagada de felicidad, embriagada de cariño y por si la felicidad proporcionada por su mamá no fuese suficiente, cuando cumplió los dieciséis años, Dess conoció a Fermín, aunque ya le conocía con anterioridad, o desde siempre, pero no se había fijado en él hasta entonces… Cuando iban al colegio, él estaba unos cursos por encima del de ella y eso le hacía invisible, aunque Fermín sí la veía y sí reparaba en su belleza y en el aura de bondad que parecía rodearla que la hacía elegante, atractiva, y quizá aún más bella.

Pasaron tres años de relación marcada por el placer, el amor y la felicidad… Fermín un día de fiesta y en medio del estruendo producido por un castillo de fuegos artificiales pidió a Dess en matrimonio, ella aceptó encantada, y en ese íntimo instante, soñó con amanecer día tras día al lado de su amor, de compartir con él el tiempo, la vida el amor y hacer realidad aquel deseo constante de sentir su cuerpo desnudo junto al suyo.

Tal como había ocurrido toda su vida, la mamá de Dess se hizo cargo de todos los preparativos, de todos los papeles, de todo cuando Dess necesitaba.
El día de su boda el Reverendo Padre Don José María Izquierdo preguntó a Fermín:
 Fermín. ¿Quieres por esposa a Desdichada?
Dess miró hacia un lado y hacia otro en busca de semejante nombre que jamás había escuchado hasta entonces…
Tras la respuesta afirmativa del novio, la pregunta fue dirigida a ella:
 ¿Y tú Desdichada, quieres por esposo a Fermín?...
El mundo se cayó sobre el alma de Dess al descubrir que su nombre era “Desdichada” y en el mareo que sintió tras el impacto de ser portadora de un nombre horrible, su cabeza pareció asentir… Una S sorda se asomó a sus labios y fue tomada por el Padre como un sí. Mientras ella no sabía qué pensar…
¿Cómo se le pudo ocurrir a su madre, a su padre, o a quien se le haya ocurrido un nombre tan horrible?
—Puedes besar a la novia—
Fermín la abrazó y la besó haciendo caso a la petición del oficiante que dio permiso para un beso. Ese hecho le hizo olvidar un nombre que llevaba con ella desde hacía diecinueve años y que permaneció oculto hasta entonces...
Tres días después de su boda, Fermín la dejó sola en una habitación cualquiera un hotel cualquiera de una bella ciudad para salir a pasear o… Vete a saber qué… no regresó hasta pasadas las tres de la madrugada… Al ser interpelado por Dess…
—¿A dónde has ido mi amor, estaba preocupada por ti?…—

Fermín contestó sin palabras, con una acción que no dejaba lugar a dudas sobre lo que no deseaba ser preguntado.
Un empellón la hizo perder el equilibrio chocando secamente contra la pared, con la suficiente fuerza como  para acallar la curiosidad de “Desdichada”.

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Mercedes del Pilar Gil Sánchez #AbuelaTeCuenta